LA GUERRA FRÍA DEL SIGLO XXI

Los hombres educados por la KGB que hoy dirigen Moscú, que lograron el éxito táctico durante la Guerra Fría del siglo XX, se olvidan de que sus éxitos de antaño fueron irrelevantes e ilusorios.

Por Ricardo Esmahan*

Ago 07, 2017- 21:03

El FBI inició investigaciones sobre la posibilidad de que la inteligencia rusa y allegados del presidente Donald Trump conspirasen para influir en las elecciones presidenciales del año pasado. El caso de la incidencia del Kremlin ha llegado al extremo que el Congreso aprobó nuevas sanciones a compañías energéticas rusas.

Es de considerar que desde la extinta Unión Soviética la inteligencia rusa llevó a cabo campañas para desestabilizar y neutralizar enemigos potenciales, de formas tan sofisticadas como las acciones encubiertas de la CIA y otras agencias occidentales. Durante los 70 y 80, la Unión Soviética apoyó a organizaciones europeas como las Brigadas Rojas Italianas y la Facción del Ejército Rojo alemán, que cometieron asesinatos, secuestros, bombardeos y similares.

Estados Unidos también desplegó campañas destinadas a debilitar a la Unión Soviética y sus aliados, mantener su influencia sobre Europa, Asia y Japón, así como el sostenimiento de dictaduras en Latinoamérica y el Medio Oriente. En la Guerra Fría, Estados Unidos reclutó a emigrantes del bloque soviético para fomentar levantamientos en el Este. Difundió propaganda pro occidental en varios idiomas dentro del bloque soviético y apoyó a diferentes grupos y personalidades, como en Polonia a Lech Walesa, de Solidaridad, además de apoyar a judíos que buscaban huir de la Unión Soviética.

Después de que terminara la Guerra Fría, Estados Unidos apoyó los movimientos de derechos humanos y prodemocracia en las ex-repúblicas soviéticas. El Kremlin siempre creyó que la intención de Estados Unidos era instalar gobiernos pro-norteamericanos en las ex-repúblicas y rodear Moscú con naciones hostiles, bien armadas y abiertas a instalar bases militares estadounidenses.

Así que los rusos, hoy dirigidos por Vladimir Putin y muchos otros que comenzaron sus carreras en la KGB, comenzaron a replantear y mejorar sus esfuerzos de desestabilización en todo el mundo. Construyeron una ideología vagamente basada en el cristianismo en lugar del marxismo ortodoxo y destinaron recursos económicos para fortalecer partidos de derecha y gobiernos contra los Estados Unidos. La ideología era nueva, pero la estrategia seguía basada en el principio de que cuanto mayor divergencia y conflicto en un país adversario, más débil sería éste y por lo tanto, más segura estaría Rusia. Es lógico remodelar países utilizando tácticas de desinformación y cuantiosa ayuda financiera a partidos políticos, sobre todo cuando los precios del petróleo se derrumbaron y la inseguridad aumentó para Rusia.

En la vieja Guerra Fría, los esfuerzos soviéticos de desestabilización fueron bastante exitosos; pero no importaba, la estrategia de contención de Estados Unidos tenía a los soviéticos estratégicamente a la defensiva. La Unión Soviética se derrumbó porque su economía y estructura no podían sostenerse.

Hoy, en el siglo XXI, los rusos tienden a incrementar sus operaciones encubiertas con el fin de desestabilizar, como un sustituto a la toma del poder real. Mientras que Estados Unidos las utiliza como un complemento al mantenimiento de su poderío global. Tomemos por ejemplo Ucrania. Ante el debilitamiento de la economía y el crecimiento del poder estadounidense en esa región, Rusia no puede hacer nada a fin de cambiar esa situación. En cambio, los estrategas del Kremlin recurren a esfuerzos encubiertos para desestabilizar Europa y a los mismos Estados Unidos.

Los hombres educados por la KGB que hoy dirigen Moscú, que lograron el éxito táctico durante la Guerra Fría del siglo XX, se sienten cómodos con estas tácticas. Pero se olvidan de que sus éxitos de antaño fueron irrelevantes e ilusorios. Como impulso primario, la desestabilización global nunca ha funcionado. Puede confundir y ganar tiempo, pero no cambia las realidades fundamentales del poder en la geopolítica. Al poder militar y económico no les sustituye la manipulación.

*Columnista de El Diario de Hoy
resmahan@hotmail.com

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